1924-1926 Desilusiones

París y sus Juegos Olímpicos (1924) están a la vuelta de la esquina y se inician los preparativos para acudir a esta segunda cita. Se contrata al belga Felicien Courvet, y bajo su dirección se celebra un primer festival preolímpico el 18 de marzo, jugándose un partido entre probables y posibles, en el que destacan como “olimpiables” los hermanos Gibert, Fontánez y Granados, que ya habían estado en Amberes en 1920, pero también Jaime Cruells en la portería, iniciando una brillante ejecutoria que le llevaría a ser considerado el “Zamora del waterpolo español”.

A continuación, y siempre dentro del plan de preparación olímpica, se invita a los clubes Marseille y Magyar Athletic para que actúen de sparring, pero resultan demasiado flojos y son derrotados fácilmente.

Ya en París, se juegan dos encuentros amistosos, uno contra Grecia, a la que se vence por 7 a 1, y otro contra Argentina, que también sucumbe por 4 a 3.

Totos estos antecedentes crean un ambiente de cierta euforia, pero la realidad, en forma de selección sueca, se impone a la hora de la verdad y nuestros jugadores se ven eliminados por un contundente 0-9, con lo que termina esta segunda aventura olímpica.

Las desilusión es grande, pero no frena las ansias de progreso del C.N.B., que, tras los Juegos, invita al equipo nacional húngaro, revelación en París, al Wasserfreunde alemán y al francés SCUF. La piscina, con el agua atemperada desde marzo de 1924, permite lanzarse a todo tipo de festivales, y es propósito de los directivos “cenebistas” sacarle el máximo rendimiento.

Richard Thompson

Richard Thompson

Con este fin, en 1925 se contrata a un nuevo entrenador, el americano Richard Thompson, y bajo su dirección se recibe al Rari Nantes, de Milán (primer contacto con los italianos), y el C.N. Barcelona, como Club, emprende una larga y recordada excursión por Alemania, visitando Dusseldorf, Ohligs, Colonia, Dortmund, Hannover y al regreso, París, ganando casi todos los partidos y quedando muy bien en todas partes.

Pero está claro que la competición de élite no es suficiente. Que hay que potenciar la base y pensar en el futuro. Esto lo tiene muy claro Francisco de S. Gibert, olímpico en Amberes y París, destacado directivo del C.N.B. y más tarde presidente de la Federación Catalana y reputado comentarista, que en 1925 concibe su “escuela infantil” de waterpolo, con el campo de juego reducido a 16×10 metros y las porterías en consonancia. En estas condiciones, Gilbert inicia en los secretos del waterpolo a una serie de chiquillos cuya sola enumeración de sus apellidos da fe de la magnífica siembra que supuso aquella labor: Sabata, Jiménez, Gamper, Palatchi, etc.

La severa corrección recibida en París hace que se mire con cierto reparo la participación española en los I Campeonatos de Europa que se van a celebrar en Budapest, auspiciando por uno de los más famosos directivos de aquellos tiempos, el doctor Leo Donath (llamado el hombre de los cien idiomas por su versatilidad lingüística). Finalmente, a Budapest acuden los nadadores, pero los waterpolistas se quedan en casa, en medio de otra gran decepción.

Este contratiempo no frena las actividades españolas. Antes al contrario, en este mismo 1926 se inician las confrontaciones oficiales con nuestros dos vecinos, Portugal y Francia. El primer encuentro con los lusitanos se celebró en Lisboa en el mes de agosto y, tras un arbitraje calificado de “patriótico” de un colegiado portugués, sólo se pudo vencer por 2 a 1.

Contra Francia, el primer partido oficial se jugó en Toulouse el 5 de septiembre, y allí, ante el siete flamante Campeón Olímpico, comandado por el gran Henry Padou, se ven batidos por 2 a 6.

En lo nacional, la gran superioridad de los equipos del C.N. Barcelona refuerza la decisión de suspender los Campeonatos de España, tanto de primera como de segunda categoría, cuyos títulos no volverán disputarse hasta 1941-42. En compensación toman un cierto auge los Campeonatos de Cataluña, que, como  ya se ha dicho anteriormente, permiten un mayor protagonismo a los clubs más modestos de la región.

En cuanto a los árbitros, los “colegiados” catalanes tienen voz y voto en el seno de la Junta Directiva de la Federación Español a través de su representante, Casimiro Baides, que ostenta el cargo hasta 1929. Y técnicamente, siguen aprendiendo de los belgas merced a las orientaciones del árbitro de esta nacionalidad Alphons Delahaye, gran amigo de los nuestros.

historia del waterpolo español

Fuente; Historia del waterpolo español (1908-1994)
Juan Antonio Sierra

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