1920 El despegue

Contagiados por el ambiente, generalizado en todo el incipiente deporte español, respecto a las Olimpíadas y a la vista de los grandes progresos técnicos y de resultados obtenidos por el C.N. Barcelona en sus confrontaciones internacionales a nivel de clubs, pronto germinó la ilusión por participar, representando a España, en los VI Juegos Olímpicos, que habían sido concedidos, para 1920, a la ciudad mártir de Amberes.

Pero el waterpolo y la natación, como el resto de deportes, tropezaron con la exigencia del Comité Olímpico Internacional de la existencia de una Federación Nacional de la especialidad que los respaldara. Los clubs Barcelona y Athlétic tomaron inmediatamente la iniciativa y en 1919 convocaron ya una primera reunión para ponerla en marcha, a la que también invitaron a otros clubs existentes: Sabadell, Lérida, Alicante y San Sebastián.

Enrique Granados waterpolo

Enrique Granados

Tras los oportunos debates y trámites, el 19 de abril de 1920 se constituyó la Federación Española de Natación Amateur, adaptando su nombre exactamente como una más de sus ramas, quedó integrado el waterpolo.

Empiezan los preparativos para la primera aventura olímpica, y después de muchas gestiones con el Comité Olímpico Español, se decide la contratación del sueco Albert Berglund para dirigir el equipo, quien llega a Barcelona unos meses antes de la marcha, que tiene lugar tras un festival de despedida en Sabadell.

El viaje fue en tren, con parada en París, y en Amberes quedaron alojados en un aula de una escuela de párvulos.

Los partidos habían de jugarse en un estadio náutico construido habilitando uno de los fosos de las fortificaciones de la ciudad. Se asignó l equipo español el mismo horario de entrenamiento que para los americanos, y esto resultó providencial. Los nuestros, al llegar allá, vieron por primera vez practicar el “carril”, del que tenían sólo referencias. Enrique Granados, seleccionado como waterpolista, estudió atentamente lo que hacían los ases americanos y, poco después, se tiraba al agua para dibujar un “carril” más que aceptable, que luego enseñó a sus compañeros y difundió por España.

Aunque lo narrado en este último párrafo tuvo una transcendencia más inmediata para los nadadores, no hay duda de que los waterpolistas también se beneficiaron pronto de tal conocimiento.

El equipo de España fue emparejado al de Italia en el primer partido. Éste se jugó en un día glacial, con fina lluvia y el agua a 12 grados. Al terminar el tiempo reglamentario el marcador registraba empate a un gol. Los italianos habían jugado siempre “sucio”, agarrados a los nuestros, al estilo inglés, estáticos y fiándolo todo a su corpulencia. El empate exigía una prórroga, y los españoles, helados pero disciplinados, se tiraron al agua, mientras que por los italianos, sólo lo hacía su portero. Iniciado el juego no hubo dificultad en marcar el segundo gol, lo que entonces era reglamentario, terminándose el partido a nuestro favor.

El segundo partido nos tocó contra Inglaterra, que iba a proclamarse campeona. Al lado de los británicos, los nuestros parecían unos pigmeos. Sin ninguna dificultad, los adversarios fueron anotándose hasta nueve goles.

Las enseñanzas recogidas en esta gran cita olímpica y el impulso que se había generado para llegar a Amberes en la mejor condición, fueron decisivos para el futuro del waterpolo del C.N. Barcelona, es decir, para el waterpolo español.

Fue, en definitiva, su gran “despegue”.

historia del waterpolo español

Fuente; Historia del waterpolo español (1908-1994)
Juan Antonio Sierra

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