El entrenamiento más duro

Mi primer día entrenando waterpolo fue en Noviembre de este año, y acabe destrozado, cuando llegué casa me quería morir.

Ya empezaba a sentir el dolor de las agujetas en partes de mi cuerpo que nunca las había sentido, pero poco a poco las cosas han ido mejorando y he continuando entrenando y aprendiendo.

Hoy Lunes empezaba una nueva semana con otro entrenamiento, bastante físico, mucho más de lo que mi cuerpo puede soportar.

Y aunque me frustra, en muchas ocasiones tengo que parar, apoyarme en el fondo de la piscina y observar como el resto de compañeros siguen nadando incansables.

Me encantaría poder seguirles y aguantar todas las series que nos pide nuestro entrenador pero de momento no soy capaz.

El cuerpo no responde como me gustaría y después de varios largos mis brazos y piernas empiezan a descordinarse y siento que debo parar para recuperar el aliento y seguir de nuevo.

Si digo que he nadado en estos dos meses más que en toda mi vida no estoy mintiendo, ¡y lo que me queda!.

Mi objetivo número uno en el waterpolo es mejorar el fondo físico porque sino estoy perdido

Que pena no haber nadado durante años, pero es lo que tiene y tengo que aceptar y asumir mi situación actual.

Cuando hemos terminado la parte física ha llegado el momento que todos estábamos esperando, un partidillo entre los compañeros.

Una vez hecho los equipos, como somos uno más, decido quedarme de reserva y observar hasta que alguien pida el cambio.

Comienza el partido, mis compañeros juegan a waterpolo, y después de tres o cuatro jugadas alguien me dice que salga porque quiere descansar.

Es mi turno, estoy ilusionado y con ganas, espero hacerlo bien.

Me lanzo a la piscina y nos toca atacar a nosotros.

Hago un sprint con la cabeza fuera y un compañero me ve y ma lanza la pelota que cae justo delante de mi.

Estoy a dos metros del portero, en una clara situación de tiro que he visto hacer a otros desde fuera con facilidad.

Pero yo cuando paro mi sprint no soy capaz de agarrar bien la pelota y el defensa me la quita, se la pasa al portero y todos nadan hacia mi portería.

Ahí es cuando se me cae el mundo encima, me he quemado con ese sprint, fruto de la adrenalina y me aborda una sensación de agobio malísima.

Siento que no puedo respirar, la cuerda del gorro me oprime más que antes o simplemente es la sensación de que me falta el aire porque he hecho un sobreesfuerzo mayor a mi capacidad actual

Desesperado miro al banquillo rogando con los ojos que por favor me saquen de la piscina, enserio, no recordaba una sensación más mala en mi vida.

Porque incluso cuando entreno las series, en cuanto veo que empiezo a estar cansado paro, pero aquí me he quemado y no llevo ni un minuto incorporado al partido, ¡madre mía que flojo estoy!.

Cuanto trabajo y esfuerzo me queda por hacer…

El compañero que esta descansando me ve la cara y entra por mi, mientras me arrastro por el agua para salir como puedo de la piscina y recuperar el aliento.

¿Cómo es posible que algo canse tanto? ¿tan poco fondo físico tengo o es que no he dosificado el esfuerzo?

Pasan un par de minutos que me permiten recuperarme y pido volver a entrar.

Esta vez con más cabeza y economizando esfuerzos, y veo que consigo aguantar mejor, todavía no estoy como pez en el agua, pero al menos no vuelvo a sentir la sensación de ahogamiento anterior.

El entrenador nos avisa de que hay que ir acabando, se nos termina el tiempo de entreno y como vamos empatados el primero que marque dos goles gana y el perdedor recoge las corcheras y la piscina.

Sé que no puedo ser determinante, ni tampoco voy a meter un gol, seguramente no aguante dos sprints más, así que hago lo único que me veo capacitado de intentar hacer bien y es pasar a mis compañeros.

Nos toca atacar a nosotros, subo despacio y alguien me pasa la pelota, delante de mi a la izquierda esta un chico que parece que juega bien y ya ha marcado un par de goles.

El defensa nada rápidamente hacia mi para quitármela, me pongo nervioso y la pelota casi se me escapa de la mano.

Pero en un gesto de picaresca de la edad y un poco de suerte, soy capaz de darme la vuelva y lanzar como puedo y de mala manera el balón por encima de mi cabeza con tan buena suerte que la coge mi compañero y marca.

¡Bien he aportado una asistencia para nuestro equipo!

Me siento bien y útil, al menos he sumado en vez de restado.

Vamos al centro y saca el equipo contrario, me toca defender a una jugadora que nada más rápido que yo y tiene más experiencia y consigue marcharse fácilmente de mi.

Hacen un par de buenos pases y lanzan, con la buena suerte de que la para nuestro portero.

Todos vuelven a defender y mis compañeros van al ataque, yo  sé que no voy a llegar a portería y que si lo hago voy a llegar reventado y no va a servir para nada.

Nuestro portero me ve y me pasa el balón porque soy el jugador más retrasado de nuestro equipo, y cuando miro hacia adelante intento valorar rápidamente la mejor opción de pase.

El chico al que he pasado antes esta cubierto y muy alejado, creo que si le paso alguien va a cortar el pase, pero justo delante de mi veo a dos personas nadando a la par hacia la portería. 

Uno es la chica que antes me tocaba defender y el otro, un chico de mi edad que se acaba de apuntar hace poco a waterpolo pero ha sido nadador toda su vida.

Pienso que si sabe nadar a la mejor tiene suerte y es capaz de nadar más que la chica, así que no me lo pienso y lanzo el pase como he visto en algunos vídeos de waterpolo para poner el balón por delante de mi compañero que va nadando.

Deja atrás a la chica, y eso le da tiempo a coger el balón y lanzar a puerta.

¡Segundo gol, hemos ganado!

Y no voy a decir que hayamos ganado gracias mi ni mucho menos, porque somos un equipo y cada uno ha aportado todo lo que ha podido, yo simplemente he estado afortunado en los pases.

En ese momento es lo único que podía aportar y me siento bien conmigo mismo, dos asistencias de gol en un partido en el que estaba con el corazón en la boca unos minutos antes.

Me vuelvo a casa contento, sabiendo que todavía me queda mucho trabajo por hacer, mucho fondo por conseguir.

Pero contento porque a pesar de estar por debajo del nivel, he sentido que me encanta el waterpolo, que puedo disfrutar mucho con todo esto y quien sabe, quizás pueda aportar cosas a mi equipo, con no ser una carga para ellos me conformo.

Mañana, a seguir entrenando…

2 comentarios en “El entrenamiento más duro

  1. me ha gustado mucho que compartes tu experiencia con el resto,a si de esta manera sabremos lo que nos esperaaa jajajaajjajaja 😁😁😁😁😂😂😂😂😉😉😉

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