Extractos del libro de Manel Estiarte “Todos mis hermanos” Plataforma Editorial 2009

¿Quién es un líder?

El líder es quien, por naturaleza, resulta positivo para el equipo, no quien se ha aprendido este papel y lo ejecuta de memoria.

Yo no era un líder. Yo animaba al equipo, quería más, empujaba arriba a los compañeros, pero lo único que por naturaleza y en el fondo pretendía era ganar yo, marcar yo los goles, salir yo en hombros, como quien dice.

Yo era el típico gran jugador que quiere jugar siempre él, a quien, como es lógico, le importa ganar pero todavía más destacar; que se queda más feliz si juega personalmente bien que si gana el equipo. Mal, muy mal, muy mal.

(pág. 90)

¡Equipo!

Entonces, ¿qué aconteció? No hay factor, un punto de inflexión, una conversación súbita, un día que te levantas y decides que vas a ser un compañero perfecto. Esto no existe; como siempre, se trata de procesos paulatinos, fruto de muy diversos factores incidentes; en este caso, y en concreto, uno de ellos sería la propia maduración deportiva.

samaranch

A medida que creces, as comprendiendo lo que significa el deporte, aprendes el sentido profundo de la palabra “grupo”, empiezas a comprender que las palabras “grupo”, “entrega” y “comunicación”, las vas asumiendo y dejando de lado palabras “yo”, otra vez “yo”, y de nuevo “yo”… éste es el proceso de crecimiento que te da una visión más amplia del deporte.

La llegada de una serie de jugadores de una calidad extraordinaria, con un carácter distinto, con una arrogancia desconocida para nosotros entonces, me impactó inicialmente, pero ellos me enseñaron, tuve el privilegio de aprender de ellos. Aquellos chavales jóvenes, unos críos, en realidad, que en 1988 llegaron de Madrid, a mí me enseñaron mucho. Éste pudo ser un factor de mi aprendizaje del liderazgo.

(pág. 90-91)

El altruismo

Porque más tarde, entre 1989 y 1991, aprendí a apostar humildad, entrega, espíritu colectivo…

En qué momento se produjo este cambio es imposible de decir: más bien fue un proceso en el que intervino la incorporación de los jugadores de Madrid, la actuación de aquel entrenador y también, por supuesto, la maduración personal. A estas alturas yo ya tenía veintiocho o veintinueve años, una edad absolutamente madura para un deportista. Yo atribuyo mi cambio a estos tres factores.

1342606919446

Que tampoco es un proceso del que eres muy consciente mientras se produce. No es algo que suceda de la noche a la mañana. No te das cuenta, van pasando los partidos, va pasando el tiempo, adviertes que juegas más en defensa, oyes a tu compañero diciéndote: “Muy bien, Manel“; a ver, antes, mis compañeros me decían “muy bien” cuando metía un gol, cuando la cosa se ceñía a “dadme la pelota” y gol.

Pero ahora empezaban también a decírmelo además cuando ayudaba en defensa, ¡qué gusto! No lo había hecho nunca. Robaba una pelota en defensa, acudía en ayuda del defensa y éste pensaba: “Coño, que Manel Estiarte se sacrifique y baje hasta aquí…“, lo cual terminaba en un “Muy bien, Manel“.

(pág. 96-97)

Un equipo indestructible

Un equipo que podía ganar y perder, llorar y reír, soportar enfados sin resquebrajarse. Un equipo que, considerándolo individualmente tenía muchos límites, empezando por mí, el capitán, Manel Estiarte, una persona con virtudes y con muchos límites; Pedro García, virtudes y muchos límites; Dani Ballart, Chiqui Sans, Miki Oca, Sergi Pedrerol, Jesús Rollán, Salvador Gómez, y demás y demás… Individualmente, algunas virtudes y tantos límites como alcance a percibir la vista; juntos, un bloque granítico, la palabra precisa es “perfectos”.

Dentro del agua, silbato agudo, empieza el partido, ya no hay “tú me caes peor o mejor”, lo que, por otra parte, es normal; dentro del agua, perfectos. Individualmente, hombres, virtudes y límites, momentos y momentos. Juntos, un equipo, perfectos.

selección española waterpolo

Lo que no significa que ganáramos continuamente, que sólo ganáramos, no, no: ganábamos y perdíamos, pero cuando perdíamos era porque habíamos obligado a los contrarios a ser mejores que nosotros, porque nosotros siempre jugábamos muy bien. Si perdíamos, y en todo caso era por poco, sucedía porque la gracia del deporte estriba en que puedes perder.

Por tanto, no éramos perfectos en cuando que siempre lo ganábamos todo, sino en cuando a la actitud, en el modo de jugar, en el modo de defender, en el modo de protegernos mutuamente, en el modo de hablarnos, en el modo de entendernos con la mirada sin hablar, en el modo en que tú conocías más que adivinabas lo que yo estaba pensando, y en que yo sabía lo que te estaba pasando a ti sin necesidad de que dijeras nada.

Éramos un equipo.

(pág. 180-181)

todos mis hermanos manel estiarrte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s